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El suicidio como un hecho social, un problema silencioso en la niñez mexicana



Hoy, en el Día Mundial de Prevención del Suicidio, hablaremos sobre este tema de suma complejidad que en la actualidad se torna preocupante por las estadísticas incrementales que se miden en México. Un estudio del INEGI del 2018 mostró que de 1990 al 2015, la tasas de suicidios se duplicaron de 2,4% a 5,4% por cada 100,000 habitantes alcanzando un máximo histórico, y que cada vez había un incremento en los intentos por parte de menores de 15 años. A raíz de este parámetro, el Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente” previó que para el 2020 el primer factor de muerte entre niños y jóvenes no serían las enfermedades ni los accidentes, sino el suicidio.


Hemos llegado a ese año y según datos duros del INEGI, durante el 2019, 179 niños fueron hospitalizados porque intentaron quitarse la vida, razón que nos hace replantear nuestra realidad en el tema y nos lleva a actuar con inmediatez para alejar a la niñez de un fatídico presagio. Actualmente, es un problema de salud pública y afecta a la población en general, no hace distinciones de ningún tipo.


La psicología conductual lo analiza como un comportamiento derivado de la “condición depresiva aprendida generada (sic) por carencia de reforzamiento positivo o exposición prolongada a situaciones negativas aparentemente insolubles que producen una sensación de incapacidad, o los enfoques cognitivos que atribuyen el suicidio a una impotencia aprendida y de desesperanza como un esquema patológico persistente y automático de organizar e interpretar las experiencias”.


Como se interpreta en esta definición, el suicidio es un problema social porque los factores externos motivan e influyen directamente en la decisión de quienes deciden practicarlo; antes de consumar el acto es intrínseco que implicaran un “intento suicida”; es decir, pensamientos y actos previos que son planeados y analizados a detalle, la clave es explicar el porqué se fueron generando y cuáles son las principales causas que motivan a niños y a adolescentes a contemplar este acto como una opción de salida.

A través del análisis de los factores de riesgo se podrá buscar una manera para contrarrestarlo y contribuir a disminuir su práctica.


Generalmente, se piensa que los problemas son el resultado de la experiencia de la vida, que los niños son ajenos a estos debido a su edad y porque dependen del cuidado de su familia; no obstante, hay que recordar que justo en la niñez es cuando las influencias externas son las más importantes: la escuela y el trato familiar tienen mucho que ver con la conducta que cada niño vaya moldeando, todo lo que se forma en esa etapa se expresa en la adultez, si algún niño crece entre experiencias que exacerben conductas depresivas, es probable que más adelante consideren el suicidio como una salida.

Algunos estudios clínicos tratan de demostrar que los gestos suicidas precoces son excepcionales antes de los siete años, porque el niño vive el presente y su concepción de la muerte es muy ambigua, por lo que más que intentos suicidas son llamadas de atención porque no alcanzan a comprender cómo influye la magnitud de ese acto en su entorno.


Los especialistas estiman que la depresión, la desintegración familiar, la incapacidad de socialización y la escasa tolerancia a la frustración son factores que pueden llevar a un niño a ese acto.

Ricardo Gallardo, jefe de Psiquiatría del hospital Juárez de México, afirmó para el periódico ANSA LATINA que no todos los niños que buscan huir están deprimidos, sino que pueden actuar en forma arrebatada.

"Hay una gran pérdida de tolerancia a los eventos cotidianos y entonces tienen actos impulsivos, pero no todos están deprimidos", afirmó Gallardo. El llamado Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad puede ser otro factor importante, sumado a problemas en "la dinámica familiar" o bien un "cuadro psicótico por trastorno bipolar o por abuso de sustancias", según la Dra. Ana Teresa Díaz.


La influencia del núcleo familiar es muy importante en este tema.

Para prevenir la conducta suicida, es necesario fomentar que los padres comprendan las situaciones por las que atraviesan sus hijos, necesitan crear un canal de comunicación eficaz que les permita conocerlos y crear un entorno de confianza. Si fortalecen su vínculo, podrán coadyuvar con sus hijos a formar en él, un sentido de integración en el entorno, proveyéndolo de herramientas que le permitan cuidar su estado emocional ante cualquier adversidad y no dejen que factores influyan en sus decisiones para dar pie a pensamientos negativos o de riesgo.

Bibliografía y Recursos digitales:

Redacción ANSA, Alarma, aumenta el suicidio infantil publicado en http://www.ansalatina.com/americalatina/noticia/mexico/2018/06/06/alerta-por-aumento-de-intentos-suicidio-infantil_6e244765-68bb-4c54-86a2-159df7b654e8.html

Beck A., Kovacs M, Weisseman. Cit., por Campo, Gerardo. (et. al.), “Intento de suicidio en niños menores de 14 años atendidos en el Hospital Universitario del Valle, Cali”, Revista Colombia médica, año/vol. 34, número 001, Universidad del Valle, Cali Colombia, 2003, p.10, disponible en: www.redalyc.com (consultada el 27 de enero de 2020).

Cfr. Prevención del suicidio. Un instrumento para docentes y demás personal institucional.

Suicide Prevention (SUPRE), Organización Mundial de la Salud (OMS), Ginebra, 2001, p.1.

Cfr. INEGI, Estadísticas de suicidios en los Estados Unidos Mexicanos 2006, México, INEGI, 2008.

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