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Fundamentación teórica para un recorrido histórico de las emociones

Actualizado: jul 11



El hombre, ante la necesidad de dejar precedentes sobre su quehacer histórico, ha utilizado distintos campos de conocimiento para formar perspectivas que se interrelacionan  y contribuyen a una evidencia integral de su evolución.

El campo de las emociones es uno de los más interesantes, ya que nos permite conocer cómo un ámbito tan subjetivo puede ser utilizado como referente del desarrollo del autoconocimiento humano. Emociones, afectos, sentimientos... son algunos de los términos que se han conformado a lo largo de la historia para referirse a esta cuestión.


La dimensión afectiva siempre ha existido en la experiencia humana, de manera innata las emociones primarias se han hecho presentes y han guiado a los hombres a expresarlas de distintas formas; pero, en el discurso histórico ha sido “reciente” la necesidad de darles una estructura temporal para convertirlas en un objeto de estudio per se.

¿De dónde provienen las emociones? ¿Cómo se activan? ¿Qué tanto influyen en el pensamiento y en el comportamiento humano?

Estas son algunas preguntas que distintos personajes se han planteado a lo largo de la historia y sus respuestas han resultado en varios enfoques que responden a distintas tradiciones que aportan al entendimiento de sus significados, tipos y alcances.

 

El Dr. Rafael Bisquerra fundador de la RIEEB y figura de autoridad en el ámbito socioemocional, es uno de los primeros en formular una estructura teórica de las emociones a partir de la subdivisión de dos tradiciones: la precientífica (filosófica y literaria) y la científica (biológica, conductual, cognitiva y social). Por mi parte, concuerdo en este formato histórico y dada la extensión y puntos de encuentro entre cada rubro, me centraré en dar un panorama general acerca de las emociones y su influencia en el mundo filosófico.

El comienzo de este recorrido se sitúa en la Antigüedad, donde los filósofos se encargaron de educar tanto en el conocimiento intelectual como en el emocional relacionándolo con los valores éticos de la época.

Platón (427 a.C a 347 d.C) comenzó a reconocer las emociones a través de la división tripartita: cuerpo, alma y mente (esta a su vez divida en tres dominios: cognitivo, afectivo y apetitivo), trilogía básica que asocia los procesos de la consciencia a los del alma y a su racionalidad cognitiva.

Aristóteles (384-322 a.C), en sus tratados Ética a Nicomaco y Retórica, continúa hablando sobre las emociones desde un punto de vista conceptual, ejemplificándolo a través de cuestiones específicas, como al explicar su asociación con las sensaciones de placer y dolor; y argumenta que las pasiones humanas son la ira, la compasión, el temor y sus contrarios;

por lo que sus funciones son hacer que el individuo se vuelva voluble e insensato. Para él ,al contrario de Platón, no hay una división en la conformación humana sino que la ve como una unidad, justificando que las emociones tienen una parte racional y de ellas derivan las creencias, perspectivas y expectativas.-Esta teoría posteriormente serviría para dar sustento a las teorías cognitivas de las emociones-.

En esa época aparecieron dos escuelas que aportaron ideas importantes sobre las emociones: la de los estoicos, a cargo de Zenón de Citio (334-262 a.C.) quienes reconocieron a las emociones como partidarias de las miserias y las frustraciones humanas, por lo que las demeritaron y plantearon que para alcanzar la felicidad era necesario disminuir los deseos y reprimirlas; y la escuela hedonista, a cargo de Epicuro (341-270 a.C) quienes las identificaron con las pasiones humanas y convenían lo contrario, que era necesario facilitar su satisfacción ante cualquier circunstancia.

Posteriormente, con la influencia del pensamiento cristiano (siglo IV d.C.), hay dos figuras que reconocen la importancia de las emociones: San Agustín y Santo Tomás de Aquino, el primero las vio como un proceso activo en el pensamiento del hombre y el segundo, las asoció y dividió en dos facultades: la concupiscible en donde introdujo a la alegría, la tristeza, el amor y el odio, postulando que se refieren directamente al bien y al mal; y la irascible, en donde están la audacia, el temor, la esperanza y la desesperación al relacionarlas en lo difícil que son

conseguirlas o contrarrestarlas.

En la Edad Media, las emociones tomaron un papel negativo al reconocer que manipulaban la parte racional del hombre, concluyeron que el medio para controlarlas era a partir de la penitencia.

El Renacimiento fue un parteaguas para el pensamiento humano y las emociones también se vieron afectadas, en primera, se separaron del concepto ético y religioso para reconocerlas como elementos motivacionales y se les quitó el pensamiento de ser moralmente malas. Descartes (1649) consideró a las emociones como propias de la cognición y de lo afectivo, por lo que argumentó que la conjunción entre la conducta racional y la irracional de las emociones dan como

resultado a la conducta humana. En su obra Las pasiones del alma definió a las emociones como: afecciones cuya finalidad es la de animar “al alma a realizar acciones para su perfeccionamiento“.

En el siglo XVIII, se reconoció la inteligencia triple (cognitiva, afectiva y de conación) del cerebro humano. La primera abarca el campo de la memoria, el razonamiento y el pensamiento abstracto, la afectiva incluye las emociones, los sentimientos y estados de ánimo, y la tercera, que es la que

influye en los impulsos o comportamientos orientados a logro de objetivos. Kant (1798) aportó en esa época que las emociones, desde lo moral, tenían influencia sobre la mente humana y

empujaban o frenaban al sujeto a realizar alguna acción.

En la época moderna del siglo XX, las emociones se sustentaron de una manera más clara, Pascal (1977), fue uno de los exponentes más relevantes puesto que les otorgó a los actos emocionales un estatus ontológico y consideró que los sentimientos son un rasgo fundamental del hombre, “El

corazón tiene razones que el entendimiento no comprende”. También vale la pena mencionar a Scheler quien creó una base ontológica de lo afectivo y reconoce que el mundo se expone al ser humano a través de los sentimientos, principalmente por el amor.


En el ámbito psicológico cabe destacar la teoría psicoanalítica de Freud, en la que propone que las emociones tienen su origen de los impulsos de la infancia y que se ven influidas por los sentimientos y experiencias afectivas que hayan acumulado en su vida.

Y, por último, la perspectiva del constructivismo social que considera a las emociones como construcciones sociales que se forman a partir de relaciones interpersonales.

A través de este recuento general, se visualiza la evolución que ha tenido el pensamiento en torno a las emociones y el porqué de su importancia para la actualidad y su uso en las habilidades

sociales ya que éstas pretenden ayudar al desarrollo integral del ser humano al equiparar la importancia de su proceso cognitivo con el afectivo-emocional.


Bibliografía

Aquino, T. (1969). Suma Teológica. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

Aristóteles. Ética a Nicómaco. Madrid: Gredos.

Aristóteles. Retórica. Madrid: Gredos.

Asensio, J.M.; García Carrasco, J.; Núñez Cubero, L.; Larrosa, J. (2006). La vida emocional: Las

emociones y la formación de la identidad humana. Barcelona: Ariel.

Bisquerra Alzina, R. (2009). Psicopedagogía de las emociones. Madrid: Síntesis.



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