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Hacia una perspectiva de la educación híbrida en el siglo XXI

Actualizado: jul 11

Cuando aparece un evento que nos sobrepasa y desvincula nuestra normalidad, es entendible experimentar distintas emociones, puntos de inflexión y aprendizajes que van replanteando progresivamente nuestros enfoques. Uno de los que ha sufrido un mayor impacto, es el educativo.



¿Podemos imaginar que en cuestión de un par de meses alrededor de 1,600 millones de estudiantes en el mundo dejaron de asistir a la escuela y comenzaron un periodo de confinamiento obligatorio? Estos datos los corrobora Jaime Saavedra, director global de educación del Banco Mundial, lo que quiere decir que, sin pensarlo, y a consecuencia de un factor externo, comenzamos con una revolución educativa que va de la mano con la innovación y la creatividad, en donde múltiples docentes se vieron inmersos en retos al ajustar sus programas de estudio a los parámetros tecnológicos a su alcance para continuar con la enseñanza y el aprendizaje de sus estudiantes. Lo característico de esta revolución, es que sobrepasó contextos y se nutrió de la participación de distintos grupos de apoyo, por lo que las familias también han se convirtieron en un flanco importante. Padres y madres se adaptaron, acorde a sus alcances, y se volvieron, de manera inherente, la mano derecha de los docentes y sus adjuntos para la explicación de los aprendizajes esperados.


Durante este tiempo, la resiliencia, la responsabilidad y la empatía los han guiado para involucrarse más en la educación de sus hijos, tomando roles de agentes activos que les han permitido identificar y reconocer el valor del aprendizaje que adquieren sus hijos en sus distintos niveles de desarrollo.


Fomentar una conexión entre la familia y el personal docente, realizar cambios de rutina de último minuto, así como enfrentar paradigmas de enseñanza, son actividades que han implicado un gran esfuerzo, pero que han valido la pena por lograr el fin que buscan: encontrar la manera de proveer un aprendizaje significativo para todos.


Una de las principales cuestiones de la época, es el análisis constante de cómo los cambios que hemos vivido repercutirán en la educación del siglo XXI, desde la estructura hasta su implementación. Por ahora, lo que hemos visto según las tendencias pedagógicas, es el protagonismo de la tecnología como medio educativo y su convergencia con los procesos tradicionales de enseñanza en casa, esta coexistencia nos brinda parámetros que difuminan los límites del entorno físico y digital, brindándonos oportunidades para nuevas praxis pedagógicas.


La innovación se hace presente promoviendo una reinvención educativa de las instituciones que conllevan retos para todos sus sectores involucrados. La posibilidad de llevar a cabo y perfeccionar una educación híbrida es una de las ideas que va cobrando fuerza, porque en la actualidad, su eficacia se encuentra en una valoración continua basada en el análisis de sus posibles componentes llenos de experiencias y múltiples investigaciones para demostrar su efectividad en los métodos para la apropiación del conocimiento.

Gracias a los cambios suscitados por el confinamiento, podríamos decir que vivimos un primer acercamiento a este tipo de educación, y sus enseñanzas nos han traído reflexiones interesantes a tomar en cuenta para apoyar la construcción del próximo modelo educativo; la más importante es que los niños han desarrollado distintas habilidades. En el ámbito digital podemos destacar su autorresponsabilidad al aprender a buscar información que antes, de manera presencial sólo recibían, o su iniciativa al buscar formas y recursos dinámicos para contribuir a su aprendizaje autónomo; otras habilidades que han presentado son la ética y la integridad porque durante este tiempo los niños han tenido que forjar, con ayuda de sus padres, un Código de Honor al agudizar su sentido crítico y comprender que en la web hay muchísima información acumulada, totalmente a su disposición, pero que deben verla como un recurso de apoyo y siempre darle el reconocimiento a la persona que lo creó.

Sin embargo, aunque la tecnología facilita los recursos, no podemos dejar pasar la desigualdad social en la que vivimos y la falta de acceso a los recursos tecnológicos por gran part de la mayoría de los ciudadanos. Según diversas investigaciones del movimiento #niñezenPandemia, sólo el 19% de los mexicanos tienen acceso a internet, porcentaje que no empata con el 95% de los niños y jóvenes que se encuentran cursando nivel primaria y secundaria. Con estos datos podemos inferir que lograr una educación universal y equitativa, todavía es un reto a alcanzar, y que sólo mediante la concientización de la necesidad de proveer recursos, se podrá augurar una mejora en el proceso de enseñanza-aprendizaje alineado a las nuevas tecnologías.

En el ámbito físico, en donde impactan las reminiscencias de la educación tradicional, la primera habilidad a destacar sería el desarrollo de la resiliencia al reconocer el impacto que ha tenido en su control emocional la falta de interacción de los niños y jóvenes con sus compañeros y docentes; habilidad acompañada por la empatía que ha surgido entre docentes, alumnos y padres de familia al comprender que todos estamos pasando por cosas similares y que se han buscado nuevas formas para comunicarnos que han ayudado a entender los procesos por los que los niños y jóvenes pueden estar pasando debido al confinamiento y cómo afecta este entorno en su aprendizaje.


Hasta ahora, lo que la sociedad ha comenzado a construir, es un estímulo para que la innovación guíe la reformulación de los nuevos paradigmas educativos en donde todos obtengan las herramientas necesarias para desarrollarse integralmente, y alcancen sus máximas potencialidades para crecer y convertirse en una sociedad libre y responsables.


Es momento de fortalecer la relación entre la escuela y la familia, la crisis actual no sólo trae noticias malas, sino también nos comparte esperanza a través de ideas, experiencias y nuevos recursos que fundamentarán nuestro aprendizaje en todos los ámbitos de nuestra vida.


Luisa M. Sánchez de Tagle

Coordinadora Académica & Contenido Digital

lmedina@cenfova.com